Nombro, creo, creo y olvido.
¡Y se dio! El Primer Pensamiento surgió con la vehemencia de Dios al crear el mundo... ¡pero no! Ésa es también una idea, porque el hombre ha definido a Dios, creándolo e, inevitablemente, creyéndolo.
Pasa así con todo, me atrevo a afirmar. Incluso con esta humilde reflexión.
Y, sin embargo, es la presente una idea tan alocada -como reiterada-, que resulta casi inconcebible: demasiado implacable al juzgar nuestra inexpugnable visión de Realidad.
¿Qué es negro? Un color... ah, sí. Un color. Una abstracción. ¿O es que acaso existe el color negro fuera de nuestra insulsa mente?
¿Qué tal un cuervo? Si el lector lo consiente, le rogaré que intente evocar el recuerdo de dicha ave. Un cuervo negro.
La imagen a contemplar no corresponde a un pensamiento abstracto; está inspirada en algo real. Y es en tal imagen que podemos percibir el color negro. Mas éste no existe en la Naturaleza (el mismo principio es aplicable para esta última). ¿Por qué no existe? Pues porque lo que existe es la imagen, aquello que podemos percibir de alguna u otra forma. Lo demás es un concepto.
De este modo, dejan de existir el negro, el cuervo, los colores... todo.
Y pasamos a vivir en un universo de abstracciones.
Por fin hemos realizado los anhelos de Platón: nuestras entidades se mueven únicamente por el Mundo de la Ideas.
Sin saberlo, hemos nombrado, creado, creído y olvidado, en un ciclo vicioso de soberbia e ignorancia.
Cuando toquemos la Realidad, dejaremos de ser humanos.
"Nombro, creo, creo y olvido"
Valparaíso,
14 de marzo, 2006.
Le Petit Pensant
